Hasta septiembre, los puertos dominicanos sumaban 2.1 millones de cruceristas. Solo en septiembre llegaron 151,096, un 54 % más que hace un año, y los dos puertos de Puerto Plata recibieron el 86 %. Pero el acumulado del año crece solo un 4 %, y julio cayó un 14.5 %.
Esos altibajos no los decide Puerto Plata. Los deciden los itinerarios de las navieras, que reparten sus barcos por el Caribe según sus propios cálculos. Un mes sube; otro cae.
«El crucerista es un visitante de un día. El objetivo es que quiera volver por una semana.»
Una fortaleza que hay que aprovechar mejor
Tener los puertos por los que entra la gran mayoría de los cruceristas de un mes como septiembre es una ventaja enorme. El riesgo está en que la economía turística de una ciudad dependa, en buena parte, de decisiones que se toman en otras oficinas.
La salida no es depender menos de los cruceros, sino aprovecharlos mejor. Cada crucerista que baja a tierra es una muestra gratis del destino. Si la experiencia de esas horas es buena, una parte puede volver por una estancia larga, en hotel, con gasto en restaurantes, excursiones y compras.
Convertir visitas en estancias
Eso exige pensar el crucero como la primera cita, no como el negocio entero: una oferta en tierra cuidada, un personal que hable idiomas y conozca la ciudad, y una conexión real entre el puerto y los hoteles de la Costa Norte.
Puerto Plata tiene montañas, historia, playas y una ciudad con carácter. Tiene todo para que el visitante de un día quiera ser huésped de una semana. Lo que no puede es esperar a que una naviera decida por ella.


